martes, 2 de julio de 2013

¡Más allá!

¡Más allá!

Cuánto habitar más allá del arcoíris,
más allá de su estación fugaz
que resurge en el resbalar del rocío
cuando huye de las nubes,
cuánto de su matiz
reluciente en lo límpido

Cuánto habitar más allá de su tacto
con la tierra y con el éter,
de su forma altibaja y soberana,
de su aspecto, incluso,
parcial en la mirada

¿Y qué decir si en cada asomar
es el mismo, o dos, o miles?

Tal vez de ello resulte su encanto,
su levedad celeste,
su intempestiva llegada
a la espera del chubasco;
tal vez su despuntar a nuestro olvido,
su corto habitar en el silencio.


Este poema no lo escribí yo. No creo tener la capacidad de hacerlo, por lo menos no por ahora. Pero sí nació de algo que escribí, algo que envié a alguien que luego me dijo había resultado de mucha inspiración... Y le adjuntó esta nota al final:

"Ese poema podrías considerarlo tuyo".

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